Fotografía

La historia del niño y el buitre

< Publicado el: 22 de Junio de 2019

La desgarradora historia del niño y el buitre

Antes de empezar esta historia, quiero aclarar algo: Tanto el fotógrafo como el niño de la foto están muertos, los dos por motivos diferentes.

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La persona que hizo sublime este instante fue Kevin Carter, un fotógrafo sudafricano que nació en Johannesburgo en 1960, eran los años del “Apartheid”, Sudáfrica vivía en una constante segregación racial; que consistía en la creación de lugares separados, tanto habitacionales como de estudio o de recreo para los diferentes grupos raciales, el poder era exclusivo de la raza blanca, solo ellos podían ejercer el derecho al voto. En este ambiente pasó su infancia, un chico de una familia de clase media que tuvo que presenciar las injusticias cometidas contra los negros, nunca terminó de entender los graves atropellos causados por un simple color de piel. Fue tal vez esto o su gran sentido social lo que lo motivó años más tarde a retratar la icónica fotografía de el “Niño y el buitre”.

Kevin Carter se unió a la fuerza aérea luego de graduarse como bachiller, que abandonó luego de presenciar el abuso por parte de uno de sus superiores, este hombre defendió a un camarero del comedor para que no lo maltrataran y como resultado, Carter fue golpeado por los militares.

Años más tarde fue testigo del bombardeo de Church Street ocurrido en la ciudad capital de Pretoria en 1983. Carter abandonó el ejército y dedico su vida a la fotografía, en un momento de brutalidad y discriminación racial este hombre opuso resistencia armado con una simple cámara fotográfica, A su alrededor, había aflicción, injustia, hambre, miedo y Carter quería reflejar todo esto en sus imágenes. Kevin Carter se opuso firmemente a la discriminación que reinaba en áfrica, tuvo la osadía de fotografiar en pleno “Apartheid” a una víctima llamada Maki Skosana que iba a ser ejecutada, quien estaba siendo acusada de mantener una relación con un miembro de la fuerza pública del estado sudafricano, esta conducta era claramente tipificada como un delito y se condenaba al sospechoso sin un previo juicio.

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Continuó fotografiando ejecuciones, niños muertos, tiroteos y muchas veces fue criticado por la crueldad de sus imágenes, llego a sentir culpa e inquietud pero entendió que esa era su misión en la vida; inmortalizar esos instantes que de otra forma hubieran quedado en el olvido o se hubieran convertido en simples cifras, él sabía que había que hacerlo desde un punto de vista objetivo.

El niño famélico y el buitre

Esa foto es sin duda una de la más conocidas nivel mundial pero también una de las más tristes, Fue tomada en sudán y muestra el verdadero rostro de la hambruna que se vivía en ese país, un niño aparentemente moribundo, Yacía en cuclillas, de cara al polvo, sin fuerzas apenas para levantarse. En el fondo de la imagen, un buitre observaba en completa calma, como esperando el momento oportuno en que la muerte viniese a recoger el alma del inocente niño que había tenido que vivir el hambre y la pobreza extrema, que habían consumido su vientre hasta casi asfixiarle.

Recuerdo que la primera vez que tuve la oportunidad de ver esta fotografía fue a los 5 años, en una vieja edición de la revista Semana. Por aquel entonces no comprendía en su totalidad el drama que se vive en Sudán, pero esa imagen se me ha quedado grabada hasta el día de hoy.

Carter viajó al sur de Sudán con las Naciones Unidas en marzo de 1993. El avión tenía previsto entregar provisiones a las familias pobres de este lugar y regresar inmediatamente, disponían de poco más de media hora para hacerlo, el fotógrafo se las arregló para tomar la famosa instantánea e inmortalizarla en el tiempo. El buitre se había posado justo cuando el niño se había acostado para descansar o tal vez para hacer alguna necesitad fisiológica y Carter aprovechó la oportunidad, esperó pacientemente hasta que el buitre estuvo lo suficientemente cerca, disparó en el momento preciso y luego lanzó una piedra para ahuyentar al animal, como el mismo reconocería días más tarde.

El niño

Es un niño y no una niña como se ha hablado en diversos medios de comunicación. Se llamaba Kong Nyong, y vivía fuera de la aldea”. Ese día en cuestión Kong se encontraba con su familia cerca de un puesto de las naciones unidas donde estos intentaban mitigar en algo la hambruna que se vivía por aquellos tiempos en aquel país, el niño había salido junto con los suyos a recibir la ayuda humanitaria que aquel día llegaba a bordo de un avión al sur de sudan, donde la difícil situación había hecho más estragos, Kevin viajaba en ese mismo avión y había venido dispuesto a denunciar y mostrarle al mundo lo que en verdad estaba sucediendo.

El niño se había detenido a mitad del camino y se tendió en la arena de cara al suelo, justo en ese momento el buitre se posó a sus espaldas y Carter aprovecho para tomar la foto, tal como he contado antes. La fotografía terminaría como portada del diario estado-unidense 'The New York Times', Carter había conseguido lo que se había propuesto; mostrar al mundo lo que muchos habían intentado esconder y minimizar, pero por desgracia para el fotógrafo el efecto causado en el mundo no era el que él esperaba: La opinión pública se volcó contra el por no haber ayudado al niño en aquel momento, incluso se llegó a decir que Kong Nyong había muerto justo después de que se disparara el flash o que el buitre había devorado vivo al niño sin que el fuera se dignara a ayudarlo, el fotógrafo fue víctima de muchas críticas y durante semanas enteras se habló sobre el tema, se cuestionó firmemente el sentido de la fotografía y su aparente “Indolecia” frente a las tragedias humanas. Una de las interpretaciones más populares fue la siguiente:

“El niño representaba a las víctimas del capitalismo, el buitre era el capitalismo y el Kevin Carter era la sociedad indiferente frente a las tragedias ajenas”
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Lo cierto del caso fue que aquel niño no murió, al menos a causa de la hambruna que se vivía en aquellos tiempos, el niño se levantó minutos después y continuo su marcha hacia donde se encontraba su familia, en aquel lugar se encontraba instalada una estación de comida de la ONU y si se observa la foto con detalle se puede uno dar cuenta que el niño portaba en su mano derecha una pulsera de plástico con las insignias “T3”, que le daban a las personas que estaban registradas en la central de comida, según explico Florence Mourin coordinador de esa estación; Se usaban dos letras: "T", para la malnutrición severa y "S", para los que sólo necesitaban alimentación suplementaria. El número indica el orden de llegada al feed center". Con lo cual podemos concluir que el niño presentaba un cuadro de desnutrición severa y que fue el tercero en ser atendido. Contrario a lo que han contado muchos: El niño sobrevivió y se recuperó, logro burlar a la muerte y al buitre. Varios años después reporteros viajaron al lugar con la esperanza de encontrar al niño que ahora debía ser un adulto de unos 25 años aproximadamente, luego de indagar a varias personas del lugar encontraron a su padre.

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Quien constato que el que el niño se llamaba Kong Nyong y contó a los periodistas que él se recuperó meses después de la desnutrición severa que padecía, pero que murió años más tarde a causa de una fiebre, producida por la enfermedad de la malaria.

El buitre

Dos fotógrafos españoles que estuvieron en la misma zona por aquellas fechas, José María Arenzana y Luis Davilla, sin conocer la fotografía de Kevin Carter, tomaron una imagen en una situación muy similar. Según narraron en varias ocasiones, era un centro de alimentación, y los buitres acudían por los desperdicios de un estercolero, ellos llegaban al sitio a comer carroña. Seguramente el desprevenido animal había venido al sitio a recoger su ración diaria, no estaba ni mínimamente interesado en devorar vivo a nadie, tenía a mano un festín mucho más accesible y más rápido que obtener.

Ellos no comen niños vivos, Los buitres no tienen poderosas garras dotadas de aceradas uñas, como las de águilas o halcones, sino unas torpes zarpas de largos y gruesos dedos prensiles acabados en uñas de punta roma diseñados para agarrar, no para acuchillar. Sus picos son alargados y muy potentes, pero no son el afilado estilete de un azor ni la temible daga de un águila real, porque el pico del buitre no está diseñado para matar sino para arrancar, estirar o desgarrar.

Si aquel animal hubiera intentado atacar a Kong seguramente hubiera sido repelido por el mismo que aun contaba con las fuerzas suficientes para hacerlo o por cualquier persona, ya que se encontraba a unos 20 metros de la puerta del poblado, junto a la empalizada de paja que rodea el feed-center y rodeado de gente que deambulaba a su alrededor.

La miseria del fotógrafo

Como ya he dicho antes, Carter gano mucho reconocimiento a nivel internacional, su fotografía se convirtió en portada de muchos medios del mundo, para bien o para mal; la prensa hablaba de la fotografía y de su autor, se abrieron intensos debates al respecto y se escribieron muchas columnas en los diarios impresos.

Muchos fueron los cuestionamientos hacia la profesión, criticaron duramente el trabajo del fotógrafo y hasta donde estaban marcados sus límites, los acusaron de faltarles empatía y humanidad, se olvidaron que el trabajo de un periodista es mostrarnos la realidad tal cual y como es, de una forma objetiva y sin interferir en los hechos, se olvidaron que la imagen fue capturada para poner los ojos de la sociedad en esa tragedia que era tan nuestra, porque los que estaban viviendo esa tragedia eran humanos, como todos nosotros. Era completamente inadecuado involucrarse, carter había logrado lo que se había propuesto, centrar la atención por fin en las verdaderas víctimas del conflicto que se llevaba a cabo en sudan, logro retratar la negligencia por parte de un estado que solo se dedicaba a observar cómo la gente sufría por falta de recursos.

Este hombre había sido invitado a fotografiar e impulsar la ayuda para salvar a las personas; mismas que para conseguir comida debían viajar a las caravanas de las Naciones unidas, tal vez fue un acto de protesta también contra esa misma organización, que se ufanaba de ayudar a las personas pero al día siguiente los países que representaban estaban lanzando bombas y misiles contra los civiles, si, seguramente la crítica iba dirigida contra ellos también.

Su fotografia ganó el Premio Pulitzer de Fotografía, que le toco aceptar amargamente luego de haber sido destruido por la prensa y personas que nunca entendieron el verdadero trabajo del fotógrafo y el periodista.

El suicidio de Carter

Luego de eso, Kevin decidió cambiar el enfoque de su profesión, así que se dedicó a ser fotógrafo de la naturaleza, pero recibió una fatal noticia al enterarse que su mejor amigo Ken Oosterbroek había sido asesinado en Johannesburgo mientras cubría un tiroteo en Tokoza. Eso sumado a las fuertes críticas de las que venía siendo víctima desde que tomo la famosa fotografía fueron unas, de las muchas causaron que lo llevaron a tomar la fatal decisión El 27 de julio de 1994, cuando aquel día, con el rio como testigo, en ese lugar en el que tantas veces jugó de pequeño, Conectó una manguera de escape de su camioneta y la apuntó hacia su ventana. Se quitó la vida inhalando monóxido de carbono, pero antes había dejado una nota suicida que transcribiré a continuación:

“Realmente lo siento. El dolor de la vida anula la alegría hasta el punto en que esta no existe. Deprimido, sin teléfono, dinero para la renta, para la manutención de mi hijo, para las deudas. Dinero. Estoy atormentado por los vívidos recuerdos de los asesinatos, cadáveres, enojo e ira. De los niños hambrientos o heridos. De los locos que sonríen cuando disparan, la policía, los verdugos. Me voy para reunirme con Ken si tengo suerte.”

Muchos años antes había intentado suicidarse, fumaba White Pipe, una mezcla de marihuana, mandrax y barbitúricos, tenía graves problemas familiares y una personalidad desordenada, perdía sus carretes de fotos en aviones y aeropuertos, arrastraba depresiones, llevaba una vida caótica y tenía acumuladas experiencias trágicas. Carter fue otra víctima del conflicto armado que se vive en áfrica, a sus espaldas cargaba años de presenciar guerras, muerte, injusticias, hambre. Había sido testigo de las hambrunas de Sudán y el terror de la guerra desde la llegada al poder de los radicales islámicos. Carter y Silva (un amigo de Mozambique) eran dos de los cuatro foteros conocidos en Johannesburgo como el Club del Bang-Bang, gente especializada en retratar la brutalidad durante el fin del apartheid en suburbios como Soweto o Thokoza. Pertenecían a esa clase de reporteros que no se amilanan ni cuando la muerte les mira de cerca o la sangre les salpica la lente.

Tenía un don especial en su sus manos, con ellas fue capaz de traspasar las almas de todas aquellas personas que vieron la crueldad reflejada en sus obras.


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