Ensayos

Que pena no ser gato

Publicado el: 21 de Enero de 2019

¿A que se refería Sigmung Freud cuando dijo que el tiempo que se pasa al lado de un gato nunca es tiempo perdido?

Posiblemente a algo así:
Los gatos a diferencia de los perros, no pertenecen a nadie más que a ellos mismos. Es más, somos nosotros quienes quedamos cautivados de sus artes, de su liderazgo de su sibilino encanto, ese que entiende de espacios, y de un amor donde no hay dependencia pero sí fidelidad absoluta.

El gato nos amará, nos respetará y defenderá como su propia familia. Son posesivos en cuanto a sus espacios, a sus rutinas y también respecto a sus dueños; no obstante, saben mantener muy bien las distancias sin llegar a asfixiar o a depender por completo de nosotros.

Disfrutan siendo mimados y casi adorados, buscan el cariño diario pero cuando así lo exigen, aparece el límite y se despegan para ensalzar su cuidada elegancia e independencia. Y sí, puede llamar la atención el brillo sincero de sus ojos, o su ronroneo terapéutico y apaciguador, pero lo que de verdad nos gusta de los gatos es su personalidad.

Los gatos son grandes meditadores

Vivimos en un mundo marcado por esas prioridades a veces inútiles que nos hacen despegarnos de lo que de verdad es importante: la luz del sol, la tranquilidad, nosotros mismos, aquellos a quienes amamos… Nos envolvemos de artificios, de problemas en ocasiones sin importancia, acumulamos cosas y perdemos de vista el almacenar vida, experiencias, emociones… En ocasiones, suele decirse que los gatos son grandes entendidos del mundo del yoga. Pueden pasarse largas horas meditando frente a una ventana o un cuenco de agua.

¿Qué verdades atisban sus sentidos? ¿Qué realidades se nos escaparán a nosotros los humanos?

Los gatos pasan de la inmovilidad de su propio mundo, de su propia introspección a la acción en poco más de un segundo. Discurren entre las dimensiones de la reflexión y la actividad de una forma tan rápida que nos admiran y nos dejan sin aliento. Y lo entrañable es que cada cosa que hacen, la realizan con todos sus sentidos, que seguramente, no sean cinco, sino seis, porque su intuición, su capacidad para ir hasta nuestro regazo cuando más lo necesita un humano, es sin duda una virtud que sólo ellos tienen.
¡Qué pena no ser gato!


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