Historias

El ángel de la muerte de Auschwitz

Publicado el: 29 de Junio de 2019

El ángel de la muerte de Auschwitz

Auschwitz ha pasado a la historia como una de las peores vergüenzas para la humanidad, en él se cometían los peores vejámenes que se hayan podido conocer hasta el día de hoy, se reducía la dignidad humana a su mínima expresión y no es para menos, en este lugar se respiraba; muerte, odio, insensibilidad, maldad, impunidad y todo aquel lado oscuro del ser humano que se creía oculto en la caja de pandora.

Auschwitz estaba ubicado a 70 km de Cracovia- Polonia. Fué el principal centro de exterminio del régimen nazi, en el murieron de la manera más infame, más de 1 millón de personas. A el, eran conducidos inicialmente prisioneros políticos polacos pero luego de la ocupación del tercer Reich, en cada vez un mayor número de países, comenzaron a ser enviados a este campo prisioneros de toda Europa. Según las políticas raciales de los nazis cualquier raza que no fuera la raza aria, era un objetivo que debía ser eliminado y fué por este motivo que se creó la conocida “solución final” que consistía en enviar a un campo de exterminio a los prisioneros de los países que iba ocupa el imperio, en una expansión cada vez más acelerada. Al campo llegaron en mayor número; Judíos, miembros de la resistencia, homosexuales, gitanos y ciudadanos comunes de Europa. Las personas eran engañadas por el astuto partido nazi; que les ofrecía trabajo, remuneraciones económicas y una vida mejor si viajaban a Alemania. Los motivaban a vender sus casas y a llevar consigo las posesiones más valiosas

Eran conducidos hasta Polonia, en vagones de tren que en otros tiempos fueron utilizados para transportar ganado. El viaje de más de 7 días era terrible; Calor, humedad, hacinamiento, hambre, sed y la falta de sanitarios, eran solo algunas de las necesidades que tenían que pasar las personas que subían en este viaje hacia la muerte. Olga lengyel sobreviviente de Auschwitz y que fue la autora del libro “Los hornos de Hitler” lo describe de la siguiente manera:

“La escena adquiría un carácter de pesadilla. En las vías esperaba un tren interminable. No estaba formado por coches para pasajeros, sino por vagones para ganado, atestados de candidatos a la deportación… 96 personas habían sido embutidas en un vagón donde solo cabían 8 caballos.. un sol abrazador sofocaba las paredes del vagón hasta que el aire se hizo irrespirable… había enfermos, hombres y mujeres con fiebre, otros torturados con ulcera y algunos tenían escarlatina, lo peor de todo es que no había forma de aislar a los enfermos…pronto empezaron a morir personas en el vagón y los guardias de la SS nos obligaron a permanecer con los cadáveres entre nosotros, el vagón se había convertido en un matadero… más y más plegarias fueron surgiendo por los muertos en la atmosfera putrefacta y agobiante, pero los miembros de la SS no nos permitían enterrarlos ni retirarlos”
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La llegada a Auschwitz y la entrada al reino de Irma grese

Tras llegar al campo a bordo del tren de la muerte, un viaje sacado de las peores pesadillas, llegaba la temible selección inicial. Los nuevos prisioneros eran recibidos con una increíble amabilidad, todo esto con el fin de evitar reyertas y resistencia por parte de los recién llegados. Los prisioneros eran separados en dos filas (Una significaba la muerte y la otra la tortura en los campos de concentración) A un lado los niños, ancianos y enfermos, a quienes se les informaba que iban a ser llevados a una sala de duchas, les hacían dejar sus posesiones, que luego eran enviadas al CANADA (Compartimento donde se almacenaban las pertenencias de los prisioneros, y que luego pasaban a manos de los nazis) Luego eran encerrados y desde una escotilla en la parte superior se dejaba caer un contenedor del mortal zyclon B, un pesticida a base de cianuro que al mezclarse con el aire y la humedad de los cuerpos producía una muerte lenta y espantosa.

Se dice que los nazis dejaban a propósito a los prisioneros encerrados sin el gas, al menos 30 minutos hasta que se elevara la temperatura de la sala y la humedad de los cuerpos facilitara la acción del poderoso gas. Luego de esto eran retirados de los cadáveres dientes de oro y otros “Tesoros” que por alguna razón pasaron desapercibidos. Luego eran conducidos hasta los crematorios, donde muchas veces llegaban personas aún con vida y agonizantes y tenían que sufrir la espantosa forma de morir incinerados.

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Aunque en un principio solo eran seleccionados los más débiles, ninguno de los “Inquilinos” de Auschwitz- Birkenau estaba exento de ser llevado a la cámara de gas, en la entrada del campo se leía la frase “El trabajo os hará libre” Nada más alejado de la realidad, Hombres y mujeres eran separados y enviados a distintos campos.

Las mujeres acababan de ingresar al “Paraíso” de Irma grese, una joven rubia de belleza física envidiable y con la engañosa inocencia de un ángel, era la encargada de hacer las selecciones y darles la bienvenida a los nuevos prisioneros, cualquier despistada podía pensar que se trataba de una indefensa y amable mujer de escasos 20 años y que no podía representar peligro alguno. Una vez dentro de las barracas, las prisioneras eran llamadas a “selección” de una forma periódica, Bajo la inclemencia del clima y aún tiritando de frio, esperaban su turno 1500 mujeres. Bien abrigados y con la tranquila paciencia del verdugo de Auschwitz se paseaban los guardianes de la SS... Entre ellos se encontraba Irma grese. Olga lengyel en otro pasaje de su libro la describe así:

“Cuando clave los ojos en Irma Grese, me pareció que una mujer tan hermosa no podía ser cruel, Porque verdaderamente era un “Ángel” de ojos azules y cabellera rubia”

Irma Grese representaba en el campo miedo más que respeto, siempre que entraba en el campo traía consigo la muerte y la desgracia. Muchas de las mujeres que estaban de pie en las “Selecciones” se echaban a temblar apenas la veían, evitaban mirarla a los ojos porque ya sabían lo que el destino les deparaba.

La bellísima mujer ser paseaba entre las prisioneras con su andar elegante y sus caderas en movimiento. Todas las desafortunadas mujeres aguardaban su final. Irma Grese era de estatura mediana, extremadamente vanidosa, usaba las mejores telas y los mejores vestidos, siempre estaba con su cabello perfectamente arreglado. Tenía múltiples vestidos, muchos de ellos confeccionados por sus mismas prisioneras, que tiempo atrás fueron importantes personalidades de Europa, muchas de ellas profesionales con una imagen impecable. Se llegó a afirmar que entre las posesiones de Irma Grese se encontraban tres lámparas de noche; sus pantallas estaban diseñadas con piel humana, indudablemente de prisioneras judías que fueron despellejadas vivas para tan macabro fin.

Las cautivas eran tratadas como meros conejillos de indias, cualquier ensayo médico valía si con ello se conseguía impartir un sufrimiento extremo. Todo era lícito, sobre todo si era para uso y disfrute de la guardiana nazi. “Llegó a sacar los ojos a una niña al pillarle hablando con un conocido a través de la alambrada”, aseguraba un superviviente de Técsö.

Inspiraba un terror mortal y se enorgullecía de ello, la muchacha no tenía sentimientos. Seleccionaba mujeres, algunas veces al azar, con gesto firme las condenaba a morir. No solo seleccionaba a las débiles, también a las sanas y aquellas cuya belleza no pudo arrancar ni las más crueles torturas en Auschwitz. Ella siempre cargaba consigo un látigo y lo usaba sin pudor contra alguna desventurada prisionera, la sangre y el dolor la hacían reír, ¡Que dentadura más impecable tenia, parecían perlas sacadas del mar!

Una vez Irma Grese seleccionaba alguna, esta era rodeada por Stubendienst que tenían la obligación de evitar que se escapasen, todas eran llevadas a la entrada principal donde las recogía un fantasmagórico camión para ser transportadas a las cámaras de gas, todo se llevaba a cabo sin el menor indicio de compasión o la menor muestra de humanidad, las seleccionadas solo eran números, que terminarían en alguna oficina de los nazis. Todo aquello era una humillación no solo para las pobres sacrificadas, sino para toda la humanidad, porque aquellos seres desgraciados que eran conducidos al matadero seguían siendo personas… como usted o como yo.

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Irma Grese era bisexual

Una de las principales características de Irma Grese era su bisexualidad, En el portal web XlSemanal lo describen de la siguiente manera: Disfrutaba con pegar con su látigo a las prisioneras en sus pechos; algunas de ellas, hasta la muerte. Gisella Perl, médico de los prisioneros, confesó. “Grese gustaba de azotar con su fusta en los senos a jóvenes bien dotadas, con el objeto de que las heridas se infectaran. Y cuando esto ocurría, yo tenía que ordenar la amputación del pecho de la prisionera, que se realizaba sin anestesia. Entonces, ella se excitaba sexualmente con el sufrimiento de la mujer”. Grese, en efecto, utilizaba a las prisioneras como objetos sexuales, practicando todo tipo de mutilaciones y vejaciones para satisfacer sus propias fantasías eróticas y sádicas. Mantenía relaciones con hombres y mujeres por igual… y no dudaba en hacerlo con prisioneros. Otras supervivientes, Isabella Leitner y Olga Lengyel, revelaron que “Irma Grese tenía aventuras bisexuales y en los últimos tiempos había mantenido romances homosexuales con algunas internas. Cuando se quedaba embarazada de algún hombre, recurría a otro prisionero -un médico húngaro- para que le practicase un aborto”.

Olga Lengyel ha asegurado también que Grese mantuvo relaciones con los SS Joseph Mengele y Josef Kramer.

¿De dónde surgió su sadismo? ¿Quién era ella?

En el siguiente reportaje realizado por el periódico la vanguardia se puede leer la biografía de Irma y el origen desconocido de su sadismo: Irma Ilse Ida Grese nació en la localidad alemana Wrechen el 7 de octubre de 1923 en el seno de una familia desestructurada. Su padre, Alfred Grese, un lechero disidente del Partido Nazi se había quedado viudo después de que su mujer se suicidase en 1936. Dos años después de la muerte de su madre, Irma decidió dejar los estudios. Nada le motivaba. Tenía quince años y el único interés que mostraba era su especial fanatismo por la Bund Deutscher Mädel (Liga de Muchachas Alemanas), que su padre no aprobaba.

Aun así, antes de iniciar su carrera como guardiana nazi, la joven trabajó en una lechería, en una granja y en un hospital e intentó, aunque sin éxito, graduarse como enfermera. Fue tras su paso como limpiadora en una clínica en Hohenlychen donde su director, el doctor Karl Gebhardt -acusado de realizar experimentos quirúrgicos a prisioneros de los campos de concentración de Ravensbrück y Auschwitz y juzgado en el Doctor’s Trial de Núremberg- quien la animó a que no decayera.

Quizá su frialdad fue el motivo por el que en marzo de 1942 y a la edad de 18 años, finalmente Irma Grese lograse entrar como voluntaria en el campo de Ravensbrück, tras un intento previo fallido. Allí empezaría su entrenamiento. Su nueva tarea como administrativa en la Oficina de Trabajo del Tercer Reich no hizo las delicias de su familia; más bien, al contrario. Su padre estaba tan furioso con ella que la echó de casa tras aparecer vestida con el uniforme de las SS durante un permiso. La muchacha había experimentado una transformación significativa.

Tras este periodo de aprendizaje, en marzo de 1943 Grese fue trasladada a Auschwitz y asignada al Konzentrationslager (KL) de Birkenau, donde en un primer momento realizó labores de control de provisiones, manejo de correo y de la Strassenbaukommando, el comando de la unidad de carreteras. Aún no había cumplido los veinte años y su carrera seguía en ascenso. En otoño de ese mismo año Grese fue nombrada SS Oberaufseherin (supervisora) con un sueldo de 54 marcos al mes, unos 28 euros.

La alemana era la segunda mujer de más alto rango en el campamento después de María Mandel , lo que suponía que estaba a cargo de unas 30.000 reclusas de origen judío, en su mayoría polacas y húngaras.

Lanzaba perros contra seres humanos

Irma grese fué descrita por muchos como la peor mujer de todo el campo, cometía alrededor de 30 crímenes al día, era la encargada de seleccionar a las víctimas como he mencionado anteriormente, pero su perversidad no acababa ahí, torturaba a las mujeres a escondidas. Su obsesión era lanzar perros agresivos contra los seres humanos. Estos perros eran convertidos en verdaderas fieras y fueron usados por la SS en general. Esos perros fueron sometidos a una serie de entrenamientos cuya finalidad fué servir al régimen nazi, ayudaban en el frente de batalla, encontraban prófugos y devoraban vivos a los prisioneros. El entrenamiento consistía en usar personas con trajes idénticos al de los prisioneros de Auschwitz- Birkenau con ropas especiales que les ofrecían seguridad de los afilados dientes de los perros, tenían forros de protección, guantes resistentes a las mordidas y zapatones de madera y un collar metálico para evitar ser heridos en partes vitales como el cuello. El entrenamiento era duro y el objetivo final de dichos entrenamientos siempre fué que los perros aprendieran a reconocer a los presos como sus enemigos, atacándolos en sus genitales, miembros, y el cuello.

Aquellos perros tenían incluso más derechos que los presos, hacían parte de las tropas de elite, y tenían el mismo trato que los soldados; comían bien y ostentaban nombre y números, estaban registrados como miembros de la SS. Las razas de perros preferidas eran Dóberman y el Rottweiler. Ya que permitían estimular su agresividad más fácilmente. En el caso del Rottweiler este tenía la extraña capacidad para oler el miedo, algo que ocurría cuando Irma grese liberaba los perros contra los prisioneros era que estos se asustaban solo de saber que iban a ser devorados vivos, estos perros reaccionaban como fieras cuando se percataban del temor de sus víctimas. Otro perro utilizado fué el mastín, una raza de color plomo, corpulenta que pesaba alrededor de 90 Kg y que dada la baja talla de las victimas debido al hambre, las necesidades y las enfermedades eran reducidos con mucha facilidad por ese perro. Era uno de los preferidos a la hora de devorar a los condenados, a estos se les estimulaba apaleando a los prisioneros para que con sus estridentes gritos enfurecieran a los perros , luego los hacían correr y liberaban a los animales, los condenados eran alcanzados casi de inmediato cuando comenzaban a correr. Un horrendo espectáculo digno de los circos romanos. Mientras tanto Irma grese y otros miembros de la SS observaban complacidos tan macabra escena.

Todo esto nos da una idea de lo insensibles y barbaros que llegaron a ser los nazis y nuestro “Ángel rubio de belsen” que disfrutaba de sus diabólicas torturas, le complacía ver la carne arrancada de sus víctimas, El olor a muerte la excitaba, los rostros desfigurados de sus víctimas le causaban placer, el rio de sangre se reflejaba en sus cristalinos ojos que por cierto ¡Que bellos eran!.

El juicio de Núremberg y el final de Irma grese

Irma grese mantuvo su modo de actuar déspota, pedante y ausente de cualquier sentido de la culpa hasta su muerte, nunca flaqueo aun cuando estaba rendida y ya no tenía salvación alguna. En otro tramo del reportaje realizado por el periódico La vanguardia, se describen los últimos momentos de Irma grese de la siguiente manera: Durante la madrugada de la rendición, del 14 al 15 de abril de 1945, el comandante Josef Kramer negoció la entrega con los británicos. Mientras tanto y con el recinto de Bergen-Belsen aún en manos alemanas, el personal de vigilancia disparó contra varios prisioneros que intentaban escapar. A primera hora de la mañana, los aliados llegaron y se encontraron con un personal teutón en hilera, pulcramente uniformado, impecable e implacable y, entre ellos, a una glacial Irma Grese de mirada arrogante.

Tras los portones del campo de concentración les esperaba el tifus, la disentería, la lepra, el hambre, la miseria, la locura y sobre todo muertos, miles de muertos. La desgracia humana campaba a sus anchas en aquel recinto.

Los barracones repletos de cadáveres sembraban el horror de un ejército británico que no podía hacer otra cosa que amontonar los cuerpos en unas gigantescas fosas construidas al efecto. Aunque la mayor parte del personal del campamento se había escapado el día anterior, ochenta de los miembros del personal se mantuvieron en sus puestos con el fin de ayudar a los británicos. Los alemanes acataron sus órdenes sin pestañear. Desde un primer momento, la Aufseherin se convirtió en la estrella indiscutible del proceso judicial en Lüneburg (Alemania). Cada día los niños coreaban su nombre al llegar, mientras ella sonreía de forma coqueta. La prensa seguía con entusiasmo la vista y centraba toda su atención en la más joven de los acusados.

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Pero una vez que la guardiana entraba en la sala, su proceder cambiaba por completo. Ésta oscilaba entre la indiferencia y el desprecio. Se mostraba ausente y distraída, garabateaba dibujos en una libreta, se desentendía de los testimonios en su contra y sus declaraciones fueron de una sobriedad extrema plagadas de “no”, “no sé” y “nunca vi nada de eso”.

En el 54º día del juicio, la nazi fue declarada culpable por cometer crímenes de guerra en los campos de Bergen-Belsen y Auschwitz. Según el Tribunal, aun siendo responsable del bienestar de los prisioneros violó las leyes y costumbres en tiempos de guerra y participó en maltratos de algunas personas causándoles incluso la muerte. El veredicto: morir en la horca.

El viernes 13 de diciembre de 1945 a las 9:34 de la mañana, Irma Grese se dirigió a la sala de ejecuciones en compañía de su verdugo, el británico Albert Pierrepoint. Al entrar, contempló durante unos instantes a los funcionarios que allí se encontraban y después subió los escalones hasta la trampilla tan diligente como pudo. Sus últimas palabras fueron: “Schnell!”(¡rápido!).
Tenía 22 años y una belleza física envidiable.


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